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Sin duda, uno de los protagonistas de la jornada ha sido Arjen Robben, tanto por el culebrón de salida del Real Madrid como por revolucionar un partido con dos goles y devolver la ilusión a un Bayern de Munich que la necesitaba urgentemente.
La calidad del extremo holandés es indudable, es explosivo y letal de cara a puerta y su regate es de lo mejor que se ha visto en el Bernabéu en mucho tiempo. Su único pero es su a veces exagerado individualismo y su tendencia a las lesiones. En condiciones óptimas, Robben es un crack al que todo entrenador le gustaría tener.
Desgraciadamente, los aficionados de Chamartín no podrán ver una punta de ataque con Robben, Benzema, Cristiano Ronaldo y Kaká, como deseaban. El Real Madrid parece que tenía que hacer caja después del derroche veraniego y despachó a Robben con el claro objetivo de ganarse las simpatías de los alemanes para una posible compra de Ribèry. El problema es que tanto Robben como el francés han congeniado perfectamente sobre el campo, como demostraron con dos contragolpes letales contra el Wolfsburgo, el actual campeón de la Bundesliga, para un cómputo total de 3-0 y la primera victoria del Bayern en la liga después de cuatro partidos.
Si el equipo teutón es capaz de mantener un año más a Ribèry, como parece que así será, y si a Arjen lo respetan las lesiones, la delantera del Bayern puede empezar a carburar peligrosamente.



















