Se acabó lo que se daba.
Con la marcha de Ibrahimovic al Milan se cierra el enésimo culebrón del verano, que coleaba desde el año pasado. Extraño caso si se tiene en cuenta que los rumores de su marcha comenzaron a finales de 2009, apenas cinco meses después de la llegada del sueco al FC Barcelona. Las constantes comparativas con Samuel Eto’o y, en mayor medida, la presión cansina de Mino Raiola, representante del sueco, supusieron una carga de responsabilidad que ha terminado con el periplo español de Zlatan.
Ibra llegó al club catalán con dos vitolas, la de superestrella y la de conflictivo. Demostró la primera a medias y calló las bocas de sus detractores con la segunda. Durante su estancia en la ciudad condal, el sueco fue un ejemplo de discreción, y únicamente al final, presa de la frustración a sabiendas de que no iba a poder triunfar en el Barcelona, decidió romper su silencio. Lejos quedaron aquellas declaraciones de Pep Guardiola en las que defendía el estado de forma del sueco y se atrevía a decir que “Ibrahimovic podía jugar mal tanto como quisiera“. Sólo Pep e Ibra saben lo que pasó a partir de ese momento.
Las estadísticas del sueco a las órdenes de Guardiola no cumplieron las expectativas de gran parte de la afición culé. Sin embargo, hay que matizar algunos puntos. El más importante, sin duda, nos muestra que Ibra hizo su trabajo: mantuvo su media goleadora. “No es el Ibra del Inter”, se oía decir, cuando la realidad es que el Ibrahimovic de la temporada 2008/2009 fue el mejor Ibra de la historia, destrozando sus propios registros y dejando detalles de calidad de los que pocos jugadores pueden presumir a día de hoy. Ibrahimovic era un jugador de 15 goles por temporada, y los 25 marcados en la Serie A, que le valieron ser coronado como Capocannoniere de la competición, son una excepción en el rendimiento del sueco. A nadie se le ocurriría cuestionar a Wayne Rooney, a pesar de haber marcado sólo un gol en los últimos 14 partidos (y de penalti); nadie va a dudar tampoco de Eto’o, aunque la pasada temporada fuera una sombra de un inmenso Diego Milito; y me asusta lo que pueda pasar con el Pipita Higuaín, después de haber firmado el año pasado la que, probablemente, será la mejor temporada de su carrera. La sombra de Eto’o era alargada, y el feeling de Guardiola, tan extraño como subjetivo, relegó al sueco a una temporada agridulce.
Por otro lado, el mundo del fútbol ha sido, de alguna manera, injusto con el sueco. El discutido y subjetivo galardón que cada año determina quién es el mejor jugador de Europa no incluyó al Ibra del Inter entre las tres primeras posiciones, cuando hizo una temporada al alcance de muy, pero muy pocos jugadores en el mundo. El espectáculo del fútbol elevado a la enésima potencia. Cada partido del Inter de Milan era mirado con lupa, con el objetivo de ver alguna delicatessen del sueco, bien en forma de goles, auténticas obras de arte, bien en forma de regates, pases, movimientos… Ibrahimovic debía haber sido nombrado, al menos, tercer mejor jugador de Europa, esto es, Balón de Bronce.

Ibrahimovic puede irse con la cabeza bien alta. A mí, personalmente, no me cabe ninguna duda de que hubiera triunfado en el Barcelona. Cuando Thierry Henry llegó del Arsenal, la gente esperaba encontrar al que se convirtió en máximo goleador de la historia de los gunners. Y no fue así, pero Titi dio un golpe en la mesa durante su segunda temporada en el Barça. Marcó 19 goles en la liga y 5 en Europa, y ganó su ansiada Champions League. A Ibra, desgraciadamente, no se le ha dado esa oportunidad. En el Milan seguirá dando espectáculo, maravillando al público, marcando goles y, en definitiva, haciendo del fútbol algo que guste ver. En Italia sobresaldrá con su talento, frente al juego rácano transalpino. Volverá a ser uno de los mejores jugadores del mundo y dejará para el recuerdo detalles que muchos no volverán a ver.
Desde aquí, y aún a sabiendas de que de poco sirve, sólo me queda desearle al sueco la mayor de las suertes en el Milan. Me queda la sensación de que las cosas podían haber salido de otra manera, en parte por el señor Raiola, tan beneficioso para los jugadores como perjudicial para el fútbol, y en parte por un oscuro Guardiola, poseedor de alguna faceta oculta que los aficionados al fútbol aún no hemos conocido.
Gracias por todo, crack.



















