Meterte un gol en tu propia portería. Uno de los peores momentos que puede vivir un futbolista en el terreno de juego, no hay duda. El mítico “él no quería” denota la impotencia que siente un jugador en ese momento, en el que fastidia a su equipo mediante un gesto involuntario a la par que ridículo. Si encima semejante jugada se repite en dos ocasiones en un partido de clasificación para el Mundial, la cosa ya pasa a ser de traca.
Eso es lo que le sucedió al pobre de Kakha Kaladze, defensa y capitán de la selección de Georgia, el pasado sábado cuando se enfrentó a Italia.
El encuentro disputado en Tbilisi se presentaba a cara de perro, con el conjunto local (dirigido por Héctor Cúper, por cierto) dispuesto a desquitarse de la mala clasificación realizada con una victoria ante un grande, y con Italia que necesitaba de los tres puntos para seguir con sus opciones de acudir el próximo año a Sudáfrica.
Con un juego tosco, sin apenas jugadas de ataque, como viene siendo habitual últimamente con la selección de Lippi, fue el defensor georgiano quien se encargó, ya en la segunda mitad, de desatascar el marcador. Jugada de Palombo, que envía el balón al área y… ¡zas!, remate de cabeza inapelable de Kaladze ante el que nada pudo hacer el cancerbero Lomaia.
Diez minutos tardó en repetir. Subida por la izquierda de Criscito (ojo con este lateral del Genoa), que centra raso y Kaladze, ahora con la pierna, que vuelve a meter el balón en su portería. Su cara, todo un poema. Las de sus compañeros, una amenaza. Hasta el público la tomó con su capitán. El partido ya estaba finiquitado.
Italia acabó venciendo, con dos palos en los minutos finales de Quagliarella y Iaquinta, pero sigue sin despejar las dudas creadas tras sus últimos encuentros. Eso sí, la clasificación para el Mundial está muy cerca. Seguro que Gattuso, Zambrotta y Pirlo le darán las gracias a Kaladze, compañero en el Milan, durante toda la semana. El chico se lo ha ganado.



















