Tres partidos en liga. Un empate sin goles, una victoria y una lamentable derrota.
Un bagaje muy, pero que muy pobre, para el equipo con la mejor plantilla de la Premier League, el que más ha invertido en refuerzos del mundo para la nueva temporada y el que ha copado cuatro de los cinco fichajes más caros del verano.
Este equipo, en su gira veraniega por EEUU, perdió 2-0 contra el Sporting de Portugal en el trofeo de Nueva York. En la página web de los citizens le echan la culpa de la derrota a la humedad y a la reserva de jugadores que hizo Mancini en previsión de otro partido en 48 horas. Ni uno ni otro. Tan sólo tres días después, el potente NY Red Bulls de la MLS vencía a los sky blues por 2-1. Si bien es cierto que contra el equipo neoyorquino jugaron, en su mayor parte, componentes del equipo reserva, contra los lisboetas no había excusa posible para la derrota. Hart, Richards, Kompany, Lescott y Cunningham en defensa; Ireland, Vieira, Zabaleta y Adam Johnson en el centro del campo; y Jo junto con Bellamy en la punta de ataque. Independientemente del equipo titular que use a día de hoy el italiano, aquel no era, ni mucho menos, un equipo de reservas.
Sin embargo, la tónica que iba a regir esta temporada ya se vislumbraba en aquel momento. De los 11 jugadores de los celestes, y excluyendo a Hart, seis eran de corte defensivo. Parece que los italianos siempre serán italianos, independientemente del equipo al que entrenen.
Tres días después, Yayá Touré debutaba con el City en Atlanta, esta vez contra el Club América de México. Según Mancini, usó un 4-1-2-2-1: Hart; Richards, Kolo Touré, Boyata, Bridge; Kompany; Yayá, Barry; Wright-Phillips, A. Johnson; y Adebayor. La realidad, para los externos al City, es que lo que usó fue un 4-3-2-1, que, al menos hasta donde un servidor tiene conocimiento, es una formación más defensiva que ofensiva. A los cuatro defensas que se presumían titulares de cara al inicio de la Premier, hay que sumarles a Kompany y Yayá, dos mediocentros de claro corte defensivo, y a Barry, que si bien no es meramente defensivo, tampoco se suma con asiduidad al ataque. Arriba, un par de extremos y Adebayor. La pregunta que ya cabía hacerse era clara: ¿quién demonios iba a subir el balón hacia arriba? ¿Barry?… Apuesta arriesgada ya que, si bien el bueno de Gareth tiene criterio a la hora de distribuir juego, el desgaste físico al que se vería sometido sería terrible, ya que tendría que hacer las labores de mediocentro y mediapunta al mismo tiempo.
Pero Roberto Mancini, en aquel momento, se merecía algo de confianza, ya que había cogido un equipo descompuesto después del paso de Mark Hughes y había conseguido terminar en un meritorio quinto puesto. Si a eso añadimos que alguno de los mundialistas aún no se había unido al equipo – De Jong, Silva, Boateng -, comprenderemos por qué no saltó ninguna alarma.
Dichas alarmas sólo tardaron un par de días más en sonar. El primer rival de primera línea de la pretemporada llegaba al Red Bull Arena dispuesto a demostrar por qué fue el mejor equipo de Europa la pasada temporada. El Inter de Milán destrozó al City con un contundente 3-0, si bien es cierto que Mancini no se sentó en el banco aquel día debido a un imprevisto viaje a Italia. Ya sea por instrucciones del italiano o por pruebas con jugadores, los citizens saltaron al campo con Hart, Zabaleta, Kompany, Kolo, Bridge, Vieira, Yaya, Barry, Johnson, Jo y Adebayor. Se seguía insistiendo, en aquel momento, con seis jugadores de corte defensivo. Apenas una semana después, un Borussia Dortmund venido a menos derrotaba a los hombres de Mancini por 3-1 en Alemania. La única novedad respecto a partidos anteriores fue la inclusión de Kolarov por Bridge, pero la filosofía defensiva ya estaba implementada en el equipo.
Y pareció salir el sol para los citizens en Manchester, en el partido amistoso que les enfrentó al Valencia como parte del acuerdo de traspaso de Silva. 2-0 para los locales, con el equipo más ofensivo visto hasta la fecha, con Silva, Tévez y Adebayor en ataque y Barry en su puesto, de mediocentro. Pero fue un espejismo, un caramelo para una afición que empezaba a soñar y a emitir murmullos de aprobación ante la multimillonaria suma gastada en jugadores, la mayoría por el doble de su valor real.
Primera jornada de la Premier League. White Hart Lane. Mancini es cauto. El malicioso dirá que es cobarde. Tiene uno de los equipos más ofensivos de Europa y planta en el campo un 4-5-1 insultante. Tévez en punta, y pocas veces, porque tiene que bajar al círculo central a recoger el balón. Si a los citizens no le cayeron cuatro o cinco goles en la primera parte fue, simplemente, por una falta de acierto inmensa de los Spurs y un Hart en estado de gracia, que demostró por qué debe ser el portero titular de Inglaterra. Barry jugando de tercer mediocentro defensivo. Wright-Phillips desfondado y Silva perdido. Se puede decir que seis defensas no fueron suficientes para detener las acometidas de los de Redknapp. El cambio de Tévez por Adebayor y el de Phillips por Johnson fueron inútiles. Era necesario un cambio de estrategia, no de jugador por jugador. Ni con el Tottenham agotado fue Mancini capaz de darse cuenta de eso. 0-0, y gracias, porque el castigo que se podía haber llevado el City podía haber sido comparable al que se llevó el Aston Villa una semana después a manos de los magpies.
Buen partido, sin embargo, frente a un Liverpool en horas bajas, con poco fondo de armario y un Mascherano ausente y un Cole sancionado. Milner fue un revulsivo para el equipo blue, el hombre que, aún jugado con seis defensas, es capaz de hacer llegar el balón a los delanteros. El centro del campo parecía funcionar… hasta que llegó el Sunderland.
Hay una frase que dice que las oportunidades que no se aprovechan, no se pierden, sino que las aprovecha otro. Y eso fue, exactamente, lo que le pasó al City en el Stadium of Light. Seis defensas, Tévez un oasis en ataque, y esta vez Milner no pudo salvar los papeles. El planteamiento rácano, conservador y miedoso de Mancini le costó caro, y un gol de Bent en el 94, y de penalti, para más pitorreo, mandó a casa, con un palmo de narices, a los hombres de Roberto. ¿En el banquillo? Jo, Adebayor, Wright-Phillips y Silva, entre otros.

¿Y ahora qué?
¿Seguirá Tévez más solo que la una arriba, a ver si pesca algo?
Adebayor quiere marcharse. Es posible que no entienda cómo, siendo uno de los mejores delanteros de la Premier, está en el banquillo casi constantemente, viendo como su equipo juega a la defensiva cuando tiene disponible una artillería asombrosa.
¿Va a ser Ballotelli la solución? Sí, siempre que se siente Tévez, porque Roberto sólo juega con un delantero, no vaya a ser que pierda el control (que nunca consigue tener) en el mediocampo.
Todo esto, obviando que la plantilla del City es una auténtica bomba de relojería. La guerra de egos está a la orden del día, y los malos resultados no van a conseguir sino avivar las tensiones aún más. ¿Será Mancini capaz de controlar ese vestuario cuando eso suceda? Yo creo que no.
Señor Mancini, el que aspira a todo, puede que se quede con algo. El que aspira a poco, se queda sin nada.
Y usted no se va a comer las uvas este año en Manchester, si no cambia de táctica futbolística.



















