Hablar de Rui Manuel César Costa, el maestro, es hablar de uno de los jugadores más grandes que ha vestido nunca la camiseta de la Fiorentina, de uno de los integrantes de la “generación de oro” portuguesa, y uno de los futbolistas más talentosos de las últimas décadas. Todo arte, calidad y compromiso, Rui Costa quedará como uno de los símbolos de la escuadra viola para la eternidad.
El 29 de marzo de 1972 Lisboa vio nacer al que está considerado, junto a Eusebio y Figo, el mejor futbolista portugués de la historia. Precisamente fue la perla negra quien le descubrió y le llevó al Benfica con solo nueve años. Sería en el equipo de las águilas donde se formaría como jugador, si bien su debut en la liga portuguesa se produjo con el Fafe, donde estuvo cedido la temporada 90-91. Ese verano del 91 fue cuando se dio a conocer mundialmente, después de proclamarse campeón del mundo sub20. Obviamente, el Benfica le recuperó, firmando tres grandes temporadas con los lisboetas.
En el verano del 94 es cuando Rui Costa firmaría por la Fiorentina, en una gran operación del entonces presidente Vittorio Cecchi Gori, pues no fueron pocos los que se interesaron en el portugués. De hecho, el Barcelona estuvo muy cerca de cerrar su fichaje, pero al final fueron los viola, recién ascendidos a la Serie A, quienes se hicieron con el futbolista.
En Florencia se juntaría con jugadores de la talla de Francesco Toldo, Marcio Santos, Anselmo Robbiati, y, sobre todo, Gabriel Omar Batistuta, que venía de jugar en la Serie B. Todo ello bajo la batuta de Claudio Ranieri, el artífice del ascenso. En esa primera temporada en la Serie A, la Fiore terminaría décima, dejando muy buenas sensaciones.
La temporada siguiente llegaron Amoruso, Bigica, Stefan Schwarz y Michele Serena (sí, el del Atleti) que se unieron a un grupo ya hecho para llevar a cabo uno de los mejores años de la historia viola: terceros en liga, después de disputarle el título a una Juve y un Milan que nada tienen que ver con los de ahora, y campeones de Coppa, después de superar al Inter en semifinales y al Atalanta en la final.
Esa fue la temporada, además, en la que salió el PC Calcio 4.0, aquel al que la mayoría de nosotros se vició y en el cual, quien esto escribe, siempre se cogía la Fiore para jugar con Rui Costa y Batistuta. No hay duda de que fue a partir de ese momento cuando comenzó mi amor por este equipo. A modo de anécdota, recuerdo un día jugando con un amigo al PC Fútbol 4.0 y, al salir Rui Costa al mercado, lo fichó él; no pude aguantarlo, y le acabé echando de mi casa.
Pero volvamos a lo importante. Después de esa exitosa temporada, en la que el maestro alcanzó ya la talla de crack mundial (pese al fracaso de Portugal en la Eurocopa, en lo que iba a ser una tónica en su carrera), muchos fueron los equipos que vinieron a por el media punta, con ofertas estratosféricas. Sin embargo, los dirigentes florentinos, que aún tenían fresco el cabreo monumental de la afición el día en que se vendió a Roberto Baggio, se cerraron en ciernes y renovaron al portugués con una sustancial mejora de la ficha.
La temporada 96-97 no comenzó mal, con la victoria en la Supercopa, pero la campaña en liga, en la que terminó fuera de los puestos europeos, y la eliminación en las semifinales de la Recopa a manos del Barcelona, a la postre campeón, y que contaba con tres compatriotas de Rui Costa e integrantes de la denominada “generación de oro” (Figo, Couto y Vitor Baía), provocó que Ranieri fuera destituido.
Pero en dicha competición europea se produjo uno de los episodios más recordados del fantástico media punta. En cuartos de final debía a medirse al Benfica, “su” club, y en el Estadio Da Luz, en la ida, Rui Costa marcó el primer tanto, y no pudo contener las lágrimas. Qué mejor que sus palabras para saber lo que sintió en ese momento. “Fue difícil. Por una parte sabía que debía ser profesional, honrar la camiseta que llevaba; por otra estaba el Benfica, y todo lo que había vivido durante tantos años. Fue, de hecho, uno de los momentos más difíciles de afrontar en mi carrera”.
Tras ese curso, Claudio Ranieri fue sustituido por Malesani, quien llevó a cabo una temporada sin pena ni gloria. En el 98 llegó Giovanni Trappatoni, y la Fiore volvió a luchar por el scudetto, siendo finalmente tercera. Esa fue la temporada más prolífica para el portugués en lo que a goles se refiere, logrando un total de 14, diez en la Serie A.
En la Champions de la temporada siguiente lograron pasar la primera fase, y quedaron encuadrados en el Grupo B con el Barcelona, el Arsenal y el AIK Estocolmo (ya por aquel entonces, no tenía demasiada suerte en los sorteos…). Aún así, nos dejaron grandes partidos para el recuerdo, como el 4-2 en el Camp Nou, el 0-1 en Wembley ante el Arsenal o el 3-3 en el Artemio Franchi contra el Barça, amén de clasificarse para la siguiente fase de grupos (entonces eran dos), donde se mediría a lValencia, Manchester United y Girondins de Burdeos. De ahí ya no se pasó, aunque vibrantes fueron los dos partidos frente a los chés, el primero en Florencia que terminó con 1-0 y gol de Mijatovic, y el segundo en Mestalla, en el que se anuló injustamente un gol de Rui Costa en el 90′ que hubiera significado el empate a uno y, por ende, la clasificación viola.
Como si hubiera sido la cima alcanzada por la Fiore, a partir de este momento el equipo se vino abajo. Primero, en ese verano del 2000 con la venta de Batistuta, rompiéndose así la fabulosa sociedad que hacía con Rui Costa. “Teníamos un vínculo especial, que funcionó siempre. Él estaba siempre encarando la portería, mientras que yo descubría la mejor manera de hacerle llegar el balón. Era impresionante el grado de entendimiento que teníamos”, declaró el maestro cuando le preguntaron, ya retirado, quién era el delantero con el que mejor se había sentido en el campo, a lo que, obviamente, respondió que el argentino.
En el verano siguiente fue el futbolista portugués quien terminó su ciclo en Florencia. El club no tenía dinero y necesitaba venderlo para sanear las cuentas (algo que nunca sucedió y que, como sabemos, trajo numerosísimos problemas los años sucesivos), así que Rui Costa salió rumbo a Milán por unos 43 millones de euros. Aún así, antes de marcharse, tuvo tiempo de ganar otra Coppa de Italia, esta vez ante el Parma, y como capitán.
En el club rossonero jugó durante cinco campañas, sin llegar a ser nunca el referente que fue en Florencia, pero con una participación muy activa en los grandes éxitos del Milan. No en vano, el portugués se llevó la Champions League (2002-2003), la Liga del 2004, otra Coppa Italia, la Supercopa de Europa y la Supercopa de Italia en apenas tres temporadas, y como titular indiscutible.
En 2004 Rui Costa fue elegido como uno de los FIFA 100, pero precisamente a partir de ese año comenzó a verse relegado a la suplencia tras la explosión de un joven jugador brasileño que acaba de llegar a Italia, un tal Kaká. El hoy jugador del Real Madrid no ha dudado nunca en afirmar que Rui Costa fue clave para su llegada, aprendizaje y evolución en Europa.
En 2006, a la edad de 34 años, el portugués se desvinculó definitivamente del Milan para regresar a “su” Benfica, donde siempre quiso terminar su carrera. En dos temporadas con las águilas no consiguió ningún título, pero sí pudo retirarse en casa y a lo grande el 11 de mayo de 2008, además de enfrentarse al Milan en la Champions League 2007-2008, encuentro en el que recibió un impresionante homenaje de todo el San Siro.
En la actualidad, Rui Costa es el director deportivo del Benfica, labor que está cumpliendo con creces, habiendo logrado ya una liga amén de cerrar fichajes importantes como los de Saviola, Pablito Aimar, Suazo, José Antonio Reyes o Javi García, amén del entrenador Quique Sánchez Flores, una de las primeras medidas que llevó a cabo nada más tomar el cargo.
Recordado con gran cariño en Florencia, y no sólo por su nivel como futbolista, el amor es recíproco; no en vano, el astro portugués declaró hace apenas unos meses que “a la Fiorentina la sigo porque tengo aún una gran pasión, que he transmitido a mis hijos, quienes también la animan. Existía una gran relación entre la persona Rui Costa y Florencia. Se había creado un feeling importante, me había enamorado de esa ciudad, me sentía como si hubiera nacido ahí. No olvidaré nunca esos años, sobre todo por el amor hacia la ciudad. Quisiera decir a todos los florentinos que los recuerdos más bonitos de mi vida están ligados a Florencia, la he vivido hasta el fondo, tengo una gran nostalgia, un gran afecto y un gran amor por aquellos colores. Nunca dejaré de agradecer todo aquello que han hecho por mí en esa ciudad.”



















